Tengo un amigo, muy amigo, buen amigo, que vive en una urbanización modernas, cerrada, con su piscina, su pista de padel y su local de reuniones comunitarias (para eso de las juntas). Y lo cierto es que, como en toda nueva comunidad, se va juntando la gente y conociendo poco a poco en las zonas comunes, en las reuniones ordinarias (y extraordinarias) y siempre hay alguno/a que dice:
¡Qué mal aprovechado que está este local!... (me refiero al comunitario).
Y otros que le hacen los coros: ¡Pues es verdad!.
Y entonces llegamos al punto: ¿Pues algo tendríamos que hacer?.
Y como con carácter general son comunidades jóvenes, con niños de la misma edad (y me refiero a poca), la respuesta es evidente: ¡Pues vamos a utilizarlo como salón social para eventos, celebración de cumpleaños, etc...!
Y oye, que está fenomenal, porque así te ahorras el irte a un local, lo celebras como en casa sin apenas ensuciarla, porque el compromiso es que el que utiliza lo limpia y deja como estaba.
Y se empieza por los cumpleaños, y luego por la fiesta de Reyes... pero antes Halloween. ¡Dios, la que montan!. Ya son dos años los que me han invitado a la fiesta de Halloween que preparan y se lo hacen muy bien. Decoran los pasillos de los garajes, se disfrazan que es una pasada (de bien y de miedo). ¿Qué no me creéis?. Pues mirad.
Pero os preguntaréis ¿a son de que viene tanta historia si se trata de unas jornadas gastronómicas?... Pues la siguiente foto es el claro ejemplo de la realidad.
Este soy yo,
el cocinero zombie. Y haciendo caso al dicho que dice
"en comunidades no demuestres tus habilidades"... os cuento. ¡Qué me han liado para participar en los terceros encuentros gastronómicos que celebran en su local comunitario!.
El pasado domingo nos juntamos 18 adultos y 8 niños para celebrar los Terceros Encuentros Gastronómicos DEYANIRA.
¡Que bien lo pasamos!.
Manolo se encargó de preparar la comida de los chavales: unos
macarrones con salsa boloñesa hechos al momento que estaban para quitarte el hipo. Y no veáis la fuerza que les dieron, ¡no pararon en toda la tarde de jugar...!.
Una vez llena la andorga de la chiquillería, y mientras que íbamos preparando el ágape, nos tomamos unas cervecitas con dos aperitivos, uno que preparó
Héctor,
delicias de salmón ahumado con guacamole,
y otro que preparé yo, mis clásicos
hojaldritos de chistorra.
A continuación empezó la fiesta con tres platos que preparé yo para la ocasión, una
ensalada de corujas y gambas marinadas sobre guacamole con emulsión de cítricos y caramelo balsámico, versión de un plato ya preparado enb otras ocasiones.
Despues la cuchara, una variación de mi
crema tíbia de calabaza con salteado de setas silvestres, virutillas de foie y frutos secos.
Y el pescado fué un lomito de
salmón al horno con ali-oli ligero, sus huevas y trigueros a la plancha sobre espejo de calamar (de éste tengo que subir la receta pues es un híbrido de dos recetas que publiqué en su momento).
La carne vino de la mano de
Héctor que
rellenó dos conejos, uno con verduritas y otro con foie. Los acompañó de una salsa española.
Rematamos con cuatro postres, si cuatro, que hizo Antonio:
tarta de fresón,
tarta de cabello de ángel y pasas,
arroz con leche al estilo tradicional y
crema de yoghourt con arándanos. ¡Riquísimos!.
Amablemente alguna de las asistentes al encuentro se brindó a preparar café, lo que agradecimos para rematar bien la jornada (que por cierto, se alargó hasta altas horas de la tarde).
En cuanto a los vinos, tomamos
Principe de Viana, navarro, chardonnay fermentado en barrica;
Mantel blanco, D.O. Rueda, y de tinto no me acuerdo, me dijeron que lo bajo Héctor, pues nada si es así que lo diga, o el que se acuerde que lo comente.
Personalmente lo pasé genial. Gracias a
todo@s por la invitación.