sábado, 23 de marzo de 2013

Corujas en ensalada de tomate al estilo tradicional

Montia fontana, de la familia de las portulacáceas, conocida vulgarmente como "coruja", "boruja", "maruja", "marusa", "regajo" y/o "pamplina" (dependiendo de las localidades) es una fina planta que aparece desde al mes de marzo/abril (principios de primavera) hasta el inicio del verano.

 
Verde brillante, de hojas pequeñas y tallo mediano, se da en fuentes, regatos y arroyos de aguas limpias, poco profundas y de corriente lenta, formando verdaderas mantas.
 
Por su finura y particular sabor es muy apreciada gastronómicamente, por lo que en temporada podemos encontrarlas en las cartas de restaurantes de reconocido prestigio.
 
Generalmente se comen en ensalada, y esta va a ser mi primera entrada con este particular "manjar". Después alguna que otra preparación más...
 
Ingredientes (4 personas):
 
1 bol de corujas recién cortadas
2 tomates grandes
1 limón
Sal común
Aceite de oliva virgen extra
 
Preparación:
 
Es fundamental limpiar exhaustivamente las corujas, eliminando restos de otras plantas.
 
A continuación lavamos bien en agua abundante, las escurrimos y centrifugamos para eliminar el agua.

 
Por otra parte pelamos los tomates y los cortamos en daditos.
 
Ya está
 
Presentación:
 
En un plato llano ponemos en el centro los daditos de tomate y por encima las corujas bien escurridas. Aliñamos con sal común, aceite de oliva virgen extra y un chorretón de limón.
 
Antes de comer envolvemos bien y...¡ummm, qué ricas!.

Corujas en ensalada de tomate al estilo tradicional.
 
 

martes, 19 de marzo de 2013

Restaurante EL ALQUIMISTA: o lo que César transforma en oro...

La alquimia es una antigua práctica protocientífica que combina elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, y algunas ciencias más, para entre otros fines, transformar el plomo en oro.
 
Por lo tanto, el alquimista, es aquel "sabio, brujo y/o científico" que utiliza todas las artes, ciencia y tecnologías a su alcance para conseguir el fin deseado...
 
Y este es el caso de César Niño, cocinero (¿o debería decir alquimista?) del restaurante EL ALQUIMISTA, en Salamanca: transforma los alimentos en.... ¡ahora veréis!.


Ya cuando hice la reserva telefónica (es importante siempre reservar en los restaurantes) me presenté como amigo de David Monaguillo (amigo virtual del facebook que me recomendó el local). Fue importante, pues ya sabían a lo que iba. Por si hubiera dudas insistí en que quería DISFRUTAR y que me preparan lo que quisieran. Cuando llegué al restaurante me encontré con que nos habían preparado el siguiente menú degustación:


¡Ah, que no se ve!, habrá que leer entonces el post completo...

Pues nada amig@s, un verdadero festival, en todos los sentidos: la sala bien atendida, el servicio cordial, correcto y muy profesional y la cocina... ¡ay, la cocina!...

Antes de nada un aperitivo: Sopa de patata, cremosa, ligera, de mucha intensidad, con recuerdos marinos marcados a la vez que tenues. Buen inicio, la cosa apuntaba bien.


Empezamos el menú con un tartar de salmón marinado con cítricos, chorizo y huevo poché. Al principio una mezcla algo "chocante", pero he de deciros que en boca ningún matiz destaca, es una pura armonía de sabores y texturas. ¡Expectacular!. Se trata de una versión del plata regional "limón serrano" (huevos fritos, ajo, chacina ibérica, vino... en cada casa de una forma distinta), y en este caso con un toque y una visión muy especial de César: el salmón.


A continuación calamar a la plancha con bizcocho ligero de su tinta y crema de sopa de pan. Una buena combinación, tanto por el punto de los calamares como por la consistencia del bizcocho de tinta (sutilmentemente ligera, como el aire...) y el toque de la sopa de pan.


De pescado lubina salvaje con nuestra versión de la tortilla y all i oli de miel. Muy rico. Su versión de la tortilla muy simple, pero no por ello desmerecedora del ágape: patata, cebolla y huevo, pero sin cuajar, como fondo de plato, y encima la porción de lubina, marcada a la plancha y terminada en el horno, cubierta por un all i oli y miel. Toque sorprendente el que aporta la miel al plato.


Terminamos los platos de salado con carne, y como no podía ser de otra forma por encontrarnos en la tierra en que nos encontramos, con cerdo ibérico: bola de cerdo ibérico con falsa morcilla de Hinojosa y calabaza. Para lo que no conozcan esta carne, la bola se saca de debajo de la paleta del cerdo, se le denomina también presa; es una carne sabrosa, con grasa infiltrada, veteada y de color rojizo. El plato lo borda César: la carne en un su punto, y el contraste con morcilla de cebolla y de calabaza... riquísimo.


Pues no se puede terminar la comida con un buen postre, y en este caso, sin desperdicio, ninguna de sus partes: texturas de chocolate con aceite de oliva y sal. Todas las texturas expectaculares, a cual mejor, pero destaca especialmente el "coulant". ¡Ah, que no es un coulant, es un...!. Mejor vais, lo probáis y que os cuente César lo que es...


También probamos el flan de limón con cremoso de chocolate blanco y praliné de rosquillas de Ledesma. Y mira que hacen hincapié en que está muy ácido (y lo está, hacen bien en avisar), pero exquisito.


Rematamos con un buen café.


Y nada que decir sobre el pan, recién horneado, y el vino que regó la comida, ASTUM (D.O. Ribera del Duero) de bodegas Tionio. Muy bien elegido por Sandra para maridar todos los platos del menú.


¿Qué os ha parecido?. ¿Verdad que es "mágico"?. Pues esta magia valdría de poco si no fuera también por la que transmite Sandra Martín en la sala. Compañera de mezclas, de experimentos, de fatigas... de César. Sin ella, la alquimia de éste no llegaría a nuestra mesa como él y ella quieren...

Y es que aquí tienen sentido las palabras de Paulo Coelho:

"Cuando una persona desea algo realmente,
todo el universo conspira para que lo consiga.
Basta con aprender a escuchar los dictados de su corazón
y a descifrar un lenguaje que esté más allá de las palabras,
el que muestra aquello que los ojos no pueden ver"

¡Ha sido un placer!. Volveré a disfrutar de vuestra magia.

 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Calçots en tempura con salsas variadas

El calçot es una variedad de cebolla que se cultiva fundamentalmente en Tarragona.

El término "calçot" indica en catalán amontonar la tierra sobre la planta. Y esa es la forma de cultivar los calçots: son brotes de cebolla blanca, plantadas en semillero y que, una vez desarrollada se planta en tierra. Conforme van creciendo los brotes de la cebolla, se les va cubriendo con tierra, a fin de que según crezca mantenga el color blanco (no desarrolle clorofila).

Los calçots se dan en invierno, y pueden encontrarse en el mercado hasta mediados de abril, como mucho.

Su origen es incierto, bueno más bien el origen de las "calçotadas", si bien está aceptado por la mayoría que se inició su consumo en Valls (Tarragona), preparando un hortelano unas brasas a la cebolla, se le fue la mano con el fuego y se le quemaron. En lugar de tirarlas las peló. Cual fue su asombro al descubrir que el interior de las mismas estaba tierno, jugoso, sabroso y en su punto. Esto paso a finales del siglo XIX y ya es una tradición arraigada, no solo en la zona de Valls o en Cataluña, sino en toda la geografía española.

En cuanto a la variedad de cebolla, se venden por calçots otras cebollas que no lo son, al menos fuera de Cataluña, pues no es fácil encontrarlo. En cualquier caso, aún no siendo los que llevan la D.O., están muy ricos.

Si bien la forma tradicional de preparar la "calçotada" es asándolas al fuego de las brasas, esta forma de prepararlos que yo os propongo ya está muy extendida, especialmente en restaurantes. Y para hacer en casa es de lo más sencillo y poco aparatoso, porque montar unas brasas en el salón...

Espero que os guste.

Ingredientes (4 personas):
 
2 docenas de calçots pequeños
Harina para tempura
Agua fría (muy fría)
Salsa de soja
Pasta wasabi
 
Preparación:
 
Hoy he encontrado en el mercado unos calçots pequeños, ya limpios (generalmente vienen con mucho barro) y decía en la bolsa que "ideales para rebozar".

 
Pues nada, tan simple como abrir la bolsa y cortar las puntas verdes (aunque hay gente que se las come y hacen bien, porque están también ricas, lo que vosotros queráis).

 
A continuación cortamos los calçots a la mitad ya que es más fácil y manejables de freír en la sartén.

 
Ya preparados los calçots lo que tenemos que hacer es la pasta de la tempura. Para ello diluimos con la ayuda de unas varillas la harina en agua MUY FRÍA, MUY FRÍA, MUY FRÍA (no me cansaré de decirlo: MUY FRÍA), este es el secreto de que la masa de tempura quede crujiente.
 
La cantidad de agua y harina... pues un poco a la vista. Si queda muy espesa (poco agua y mucha harina) os quedará un poco "engrudo" la masa y el rebozado, una vez frito, muy grueso y grasiento.
 
Si ponéis mucha agua y poca harina, pues justo lo contrario, igual al freírlos ni se nota que tiene harina.
 
Lo mejor es partir de poca agua y poca harina e ir añadiendo y envolviendo bien hasta conseguir una textura liquida pero espesa. Probad y me contáis.
 
Una vez hecha la mezcla, introducimos los calçots en ella.


Y vamos echándolos uno a uno en un cazo con aceite abundante y muy caliente (ahora al revés que con el agua, el aceite muy caliente).

 
En cuanto que se dore el rebozado sacamos del fuego y dejamos escurrir en un papel absorbente.

 
En cuanto a las saslsas, disponemos en una salsera de salsa all i oli, en otra salsa romesco y en otra salsa de soja con wasabi, pero ojo con ésta última, yo recomiendo poner un poquito de pasta wasabi y disolverla en la soja antes de mojar, peorque recordad que pica un poquito. Ya sabéis, las recetas de las salsas picando sobre ellas.


Listo para emplatar.
 
Presentación:
 
Tampoco tiene mucho, en un plato (en nuestro caso sobre una pizarra) colocamos los calçots recién fritos junto con las salsas. Que cada uno moje en la que quiera.

Calçots en tempura con salsas variadas.

 
 
 

domingo, 10 de marzo de 2013

Secreto ibérico relleno de setas en cama de cebolla y manzanas confitadas

El secreto es una parte del cerdo que se encuentra en la parte interna del lomo del animal, junto a la maza de la paleta y entre el tocino (vamos, el sobaquillo). De ahí que al estar tan escondido y entre el tocino se le conozca con el nombre de "secreto".
 
Es una pieza de carne fina, con una gran cantidad de grasa infiltrada. De ahí su textura y sabor.
 
 
Generalmente se prepara a la brasa, sin más, con una pizca de sal. Y es con este simple procedimiento con el que se extrae el mayor gusto a la pieza.
 
Ahora bien, como estamos de reto "PELIS-PLATOS DE CINE" en el grupo Tarareando en la cocina, pues se me ha venido a la cabeza la película "el secreto de Tomas Crown" y he preparado esta recetilla.
 
 
Por si acaso os recuerdo el guión: Thomas Crown (Pierce Brosnan), multimillonario, es un aventurero hombre de negocios que disfruta con los retos. Él estrella un costoso yate y apuesta cien mil dólares en un golpe de golf simplemente porque él piensa que puede personificar a Arnold Palmer.
 
Crown roba una pintura (San Giorgio Maggiore durante el crepúsculo) de Monet valorada en 100 millones de dólares.
 
 
Los aseguradores de la obra de arte envían a la investigadora Catherine Banning (Rene Russo) para ayudar a la policía a resolver el crimen. Desde el principio, Banning sospecha que Crown esta detrás del delito...
 
Realmente Thomas Crown guarda muchos "secretos" a lo largo de la película, por eso yo el secreto de ibérico no lo he querido hacer simplemente a la plancha, sino enrrollado, escondiendo algo en su interior... (un secreto con secreto...).
 
La guarnición tiene que ver con la parte final de la película. Para devolver el cuadro robado, Thomas recurre a la astucia para no ser detenido: entra en el museo con un abrigo negro, un maletín y un bombín, al igual que el cuadro "el hijo del hombre" de René Magritte (conocido por "hombre con bombín"), un autorretrato de Magritte en el que no se ve su cara sino una manzana..., pero a su vez lo haces muchas más personas disfrazados de la misma manera, lo que despista a los agentes de policía que le esperan en el museo para detenerle.
 
 
Y la película termina con la versión instrumental de "windmills of your mind" adaptada por Sting.
 
Pues nada, espero que os guste mi versión de este "El secreto de José Romero (y algo más...)"
 
Ingredientes (3 personas):
 
3 secretos de cerdo ibérico (unos 350 gr.)
100 gr. de setas de cardo (pleorotus ostreatus)
2 cebollas blancas
1 manzana Golden
Pimienta negra
Sal común
Aceite de oliva
Caramelo balsámico
 
Preparación:
 
Empezamos con los secretos de cerdo ibérico, retirando con el cuchillo algún exceso de grasa que pudieran tener y abriéndolos (en la medida de lo posible) para hacer la pieza algo más grande y poder enrollarla mejor. Reservamos.


A continuación cortamos una cebolla en juliana gruesa y confitamos a fuego lento en aceite abundante hasta que esté caída.


En ese momento añadimos la manzana pelada y cortada en daditos. Dejamos hacer a fuego lento unos cinco minutos. Reservamos.

 
 
Por otra parte, cortamos una cebolla en brunoise fina y la pochamos a fuego lento con un par de cucharadas de aceite de oliva y una pizca de sal. Dejamos hacer hasta que esté dorada (como unos quince minutos).


Ahora incorporamos las setas de cardo (en este caso unas setas de cardo de criadero, pero minis), salpimentamos y rehogamos un par de minutos. Retiramos del fuego y reservamos.
 
 
Con la farsa ya preparada, extendemos las piezas de secreto y colocamos parte de la farsa que hemos hecho con la cebolla y las setas.
 
 
Vamos cerrando con cuidado formando un cilindro. Bridamos.
 


En una sartén tipo "carmela" bien caliente, ponemos unas gotas de aceite y ponemos los rollitos de secreto a hacer. Dejamos que se doren y retiramos del fuego.
 
 
Los colocamos sobre un tajo, desbridamos y cortamos en porciones para montar el plato.
 
 
Presentación:

En un plato llano colocamos en el fondo la cebolla y la manzana caramelizadas con parte de su aceite. Encima el rollito de secreto cortado a la mitad. Rematamos con un caramelo de vinagre balsámico.
 
Secreto ibérico relleno de setas en cama de cebolla y manzana confitadas.
 
El caramelo de vinagre bálsamico de Módena, además de aportar un toque agridulce al plato, que le va muy bien, recuerda el final de la película: la pintura corriéndose por el agua...
 
¿Os ha gustado?. Pues nada, amig@s, ya me diréis.
 
 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Popietas de gallo con trigueros en salsa de mejillones y tinta de calamar

Otra recetita para el reto del grupo Tarareando en la cocina "PELIS-PLATOS DE COCINA".
 
Pensando en la película "MAR ADENTRO", de Alejandro Amenábar (2004), basada en la historia real de Ramón Sampedro, se me ha ocurrido hacerle este pequeño homenaje a través de mi receta.

  
Ramón Sampedro era un marinero, que tras un accidente en su juventud (a los 25 años) quedó tetrapléjico y estuvo postrado en cama casi treinta años.

Lo cierto es que ¿quién no ha hecho de joven alguna locura, alguna tontería para impresionar al chico o chica que nos gustaba...?, o simplemente para impresionar al resto de amigos del grupo. ¡Cosas de jóvenes que nos vamos dando cuenta de su gravedad a medida que nos vamos haciendo mayores...!.

La historia de Ramón, conocida desgraciadamente por su muerte, reavivó el debate sobre la eutanasia. Sirva este pequeño homenaje como recuerdo a su vida, a su muerte, y a nuestro futuro.

El plato representa la juventud de Ramón a través de la punta de espárrago: firme, brillante, exultantemente enhiesta. Las dos popietas quieren simbolizar las piedras, el fondo sobre el que se partió, el que le cambió la vida y le dejó roto (espárragos troceados). Y la crema de mejillones viene a ser el mar, ligeramente turbio; mientras que la tinta de calamar representa el lado oscuro de todo lo que nos rodea...

Espero que os guste y que penséis en Ramón y en estas maravillosas, a la vez que trágicas, palabras suyas que dice postrado en su cama:


Ingredientes (4 personas):

2 gallos de ración (gorditos)
4 espárragos trigueros
Perejil
Aceite de oliva
Sal común

Para la crema de mejillones:

1 cebolla grande
100 gr. de mejillones (pueden ser congelados)
Salsa de tomate (dos cucharadas)
200 cc. vino Albariño
Sal común
Aceite de oliva

Para la salsa de tinta de calamar:

1 cebolla blanca
1 pimiento verde pequeño
2 tomates maduros
2 sobres de tinta de calamar
100 cc. vino Albariño
1 diente de ajo
picatostes
perejil
Sal común
Aceite de oliva

Preparación:

Empezamos por la salsa de mejillones, para ello cortamos la cebolla en brunoise fina y la pochamos a fuego lento en una sartén con una cucharada de aceite y una pizca de sal hasta que se dore (durante unos quince minutos).


Añadimos los mejillones (si fueran congelados los habremos descongelado previamente) y los salteamos ligeramente. Añadimos el vino y dejamos que rompa a hervir.


En ese momento incorporamos dos cucharadas de salsa de tomate casera.


Envolvemos y dejamos cocer a fuego lento durante diez minutos.


Pasado este tiempo, ponemos los mejillones en el vaso de la batidora y trituramos en caliente a máxima potencia durante tres o cuatro minutos.


NOTA: no os preocupéis por el color, se pierde el rojo y adquiere tonalidades verdosas, es por el contenido del interior de los mejillones...

Colamos la salsa por un chino y dejamos que vuelva a hervir. Apagamos el fuego y reservamos.


Al mismo tiempo que se va haciendo la crema de mejillones preparamos la salsa de tinta de calamar, para ello cortamos en brounoise fina la cebolla y la pochamos con un poco de aceite y una pizca de sal. Cuando esté caída, incorporamos el pimiento verde, también finamente picado, y dejamos pochar (en total como entre 20 y 30 minutos), removiendo de vez en cuando para que no se nos pegue.


 
Pasado este tiempo incorporamos los tomates rallados. Rectificamos de sal, añadimos una cucharadita de café con azúcar y dejamos que se fría el tomate (como unos 10 minutos).

Mientras tanto, en el vaso de la batidora introducimos el diente de ajo finamente picado, el perejil, los picatostes de pan, la tinta de calamar y un vaso de vino blanco. Trituramos a máxima potencia.



Cuando esté el sofrito de cebolla, pimiento verde y tomate, incorporamos a la sartén el majado anterior.
 


Dejamos cocer a fuego lento durante 10 minutos.


Pasado este tiempo lo introducimos en el vaso de la thermomix (el que no tenga... a pasarlo por la batidora) y los trituramos a 80º C primero a velocidad 3 durante un minuto, luego a velocidad 6 treinta segundos y finalmente a máxima potencia durante dos minutos. Pasamos por un chino y volvemos a colocar esta salsa triturada en la sartén.


 
Dependiendo de la textura que queramos conseguir podemos incorporar fumet de pescado (o incluso agua del grifo). Reservamos.

En cuanto a los gallos, lo primero que tendremos que hacer es pasarnos por el mercado y, a nuestro pescadero de confianza, pedirle que nos de unos gallos de ración gorditos. ¿Por qué gorditos?. Pues porque queremos que nos saque los lomitos.



A continuación enrollamos cada uno de los lomitos de gallo, formando un cililndro (popieta) y, para que se nos mantengan, los pinchamos con un palillo.


Echamos un poquito de aceite de oliva en un plaqué de horno y colocamos las popietas de pié. Sazonamos, añadimos un chorrito de aceite e introducimos en el horno precalentado a 180º C durante unos diez minutos (no más pues si no el pescado se nos queda muy seco).


Pasado este tiempo (o incluso antes, dependerá del grosor de los lomitos) sacamos del horno, retiramos los palillos y procedemos a montar el plato.


Por otra parte preparamos un aceite de perejil cortando unas hojas de perejil y dejándolas macerar en aceite de oliva unos minutos.

Terminamos pasando los espárragos por la plancha, tanto las puntas como los tallos cortados en rodajas de un centímetro de grosor.


Presentación:

En un plato llano colocamos en el centro la crema de mejillones y a un lado la salsa de tinta de calamar, como formando un círculo. Encima dos popietas de gallo por ración y una punta de espárrago entre ambas. Alrededor los tallos de espárragos y salseamos con un aceite de perejil.

Popietas de gallo con trigueros en salsa de mejillones y tinta de calamar.

Para terminar que mejor que hacerlo con la música que representa el hilo central de la película, EL VIAJE, compuesta por el propio Alejandro Amenábar e interpretada en esta ocasión por la banda de gaiteiros de Cea y Carlos Núñez. ¡Todo un lujo!. Para tod@s vosotr@s EL VIAJE.
 
Mar adentro,
mar adentro.
 
Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
 
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.
 
El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.
 
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
‘más adentro’, ‘más adentro’
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
 
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
 
(Ramón Sampedro)